Cuando todo era diferente, distinto. Corría, saltaba, sin importar el tiempo. Me hamacaba, jugaba. Lloraba las veces necesarias sin importarme quien estuviera delante de mi. Reía por cada cosa que pasaba. Me ensuciaba, me peinaba con colitas de muchos colores y trenzas con diferentes tamaños y formas. No me importaba como me viera el otro, lo único que sabía es que era feliz.
Y así paso el tiempo, y cada día, me va importando más quien tengo enfrente y como tengo que actuar sobre él. Ya no tengo la misma libertad de poder mancharme, llorar, reír, saltar, jugar, enamorarme.. Todo esta limitado por algo transparente, por algo invisible.
Y ahí es cuando te das cuenta lo rápido que pasa el tiempo, como las cosas se van yendo y también viniendo. Que cambios hay en vos y que errores involucraste en tu forma de ser y los vas superando día a día.
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